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¿Te quieres morir? 21 julio, 2010

Posted by Iván Quecha Reyna in Opinión, Sin categoría.
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Como ya lo hemos mencionado dos veces, esta semana no pude actualizar el blog como se debe a que una prima falleció trágicamente en un accidente de tránsito. Esta tragedia me hizo pensar en nuestro papel como los vivos en el mundo.

Es muy común pensar en morir. Según el gran acá Simón Freud, las pulsiones de muerte son cosa natural. Básicamente son acciones encaminadas a que un organismo vivo vuelva a la tranquilidad de un estado inorgánico.

Y esto tiene que ver mucho con el placer. Se recrean situaciones traumáticas que nos liberan por un momento del gran pesar de estar vivos. Uff, qué clavado, pero muy cierto. Algunas veces -sobre todo cuando estaba en la edad adolescente- pensaba cosas: “ah, cómo sería la vida si nunca hubiera nacido”, “qué pasaría si ahora mismo muriera”, y esas cosas.

Pues mi opinión sobre la muerte es confusa. A veces pienso que sólo es un paso, y luego nos unimos al océano cósmico. Pero luego, otra parte de mí, me dice que nel, que uno se muere y es comida de gusanos. Y se acabó el show. En fin, es una dualidad que como ser conciente de sí mismo es inevitable.

¿Qué se ha pensado de la muerte? Pues como diría el grupo Ozomatli, en la vida sólo hay dos cosas ciertas: la muerte y el cambio.

Tener ganas de morir por fracaso en la vida

Las ideas suicidas también son provocadas por sensaciones de fracaso. La vida no vale nada, según esta visión. Para este caso, yo recomiendo escuchar (o leer) las palabras de Jodorowsky, quien propone una técnica poética para sacudirse la sensación de una vida fracasada:

Hay personas que, por más que frecuenten toda clase de terapias, no pueden liberarse de sentir que han fracasado en el trabajo, en el amor, en su familia, en su obra. Han perdido la esperanza de que alguno les reconozca algún valor, la vida les parece insoportable pero, según ellos, por cobardía no han podido suicidarse. Es difícil convencer con palabras a una persona que se niega totalmente a recibir cualquier consuelo: lo que les pasa es que han dejado de amarse y se desprecian. Si mi consultante está en un caso como el anterior, le digo que, como la persona que cree ser, es imposible curarlo: lo único que le queda es morir, para luego renacer como una persona distinta. Aconsejo entonces que:

El/la consultante, si no tiene amigos, contrate un par de colaboradores (mujer y hombre); vaya a un lugar agradable, fuera de la ciudad; cave una fosa no muy honda y que, de noche ante ella, lea su propio discurso fúnebre contando su paso por la vida; que luego se desnude y se envuelva en una sábana; se tienda en la fosa para que sus dos colaboradores lo cubran de tierra, dejando descubierta su cara para poder respirar, y así, inmovilizado, se entregue a la nada. Mirando hacia las estrellas debe soltarlo todo, hasta que ningún interés lo ate al personaje que fue. Permanecerá en la fosa, circundada por diez velas encendidas, el mayor tiempo que resist; y cuando sinceramente lo sienta debe decir: “¡Quiero renacer!”. Sus colaboradores lo desenterrarán, lo lavarán con agua bendita y le entregarán rola limpia, blanca. Al terminar de vestirse dejará que venga a su mente su nuevo nombre. Escribirá en un trozo de papel tipo pergamino su antiguo nombre, y junto con la ropa y las velas, lo enterrará en la fosa. Al regresar a la ciudad, quemará un árbol seco, o en su defecto una gran rama seca, en donde antes de haber ido a enterrarse habrá clavado fotos de sus familiares (abuelos, padres, tíos y hermanos). Si no tiene fotografías de algunos, debe clavar en su lugar un dibujo o retrato de un personaje que se le parezca. Recogerá las cenizas, las disolverá en un libro de aceite de oliva virgen, por la noche se embarrará todo el cuerpo con esa pasta y se echará a dormir en el suelo. Apenas se despierte se duchará jabonándose y enjuagándose siete veces seguidas. Se vestirá con ropa nueva. Luego, amontonará su ropa vieja y la regalará a una institución de beneficencia. Rociará con agua bautismal los pisos, techos y paredes del sitio donde habita. Cambiará los muebles de sitio. Comprará una vajilla nueva y romperá a martillazos la antigua. Sustituirá los manteles y cubiertos. Y, por fin, imprimirá tarjetas de visita con su nuevo nombre.

Hablaremos más de la muerte en otros post, así como de otras experiencias chidas que han pasado con Jodo. Saludos.

PD: la fuente del acto es el Manual de Psicomagia de Alejandro Jodorowsky. Ojalá te sirva.

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Comentarios»

1. Joey - 22 julio, 2010

al registro civil le ha de “fascinar” la idea de jodorowski… al igual que a hacienda.

Además lo feo de la muerte no es morir, sino quedarse vivo…. alguien lo habr´pa dicho antes supongo como todo lo escrito por el ser humano, pero como por desconocimiento no sé quién, digo que lo dije yo hasta posterior corrección.


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